Entre la euforia y la depresión
Hay momentos en que me encuentro un tanto en la miseria, deseando alternativamente el convertirme en una mancha en el asfalto por el tonelaje de un camión o bien ser torturado hasta la muerte, volar por mi ventana hasta desparramarme por la calle. Si al menos guiara la punta de un cuchillo por mis costillas 'tac, tac, tac...' recorriéndolas de arriba a abajo, o estuviera en un manicomio aislado de este terrible mundo, o al menos en la cárcel. A veces me imagino con la cabeza rapada, como John Turturro en "Oh brother!" su triste figura en "Muerte entre las flores". A veces simplemente pienso que no estoy hecho para vivir aquí y ahora, y que todo sería más fácil en otro momento y lugar...
Por instantes no se cuentan sino por buenas temporadas, las que tengo últimamente de bondad vital. Me encuentro esencialmente feliz, y sin embargo de cuando en cuando inspiro el aire matutino y me encuentro genial. A veces orgulloso de lo que hago, contento conmigo mismo, o en paz con el bello mundo que me rodea. Sale el sol y me da vida, cae la lluvia que me inspira, se cierne la noche y me siento arropado, todo es bello y así me lo parece en esos momentos. Así es cómo he tomado cierta afición a las flores... Es como cultivar o coleccionar belleza.
Pero la vida no es una sucesión de sucesos, no se limita a los instantes aunque ahí es donde se determinan o separan mejor los estados de ánimo. No hay que dejarse llevar, siempre hay algo más, un poco más, algo más allá. La vida en su conjunto no son los momentos en su conjunto.
Réquiem a una Amiga
Un sobrecogimiento trepa desde mis entrañas como una enredadera, rápidamente me atrapa el corazón y lo aprieta hasta que aquí arriba brota una lágrima. Esa lágrima es tan densa que se arrastra muy despacio por mi mejilla sin afeitar, proviene de tal dolor que de cristalina se hace negra y frigidísima de tal manera nada más rebasar mi rostro se hace pétrea.
Un grito en el silencio es la despedida en el dolor. Maltrato mis rodillas a puñetazos en mi frustración, y sin embargo, no sirve de nada: tú te vas. Llegué hasta aquí tan sólo por ti, ¿debo irme ahora que ya no estás? Parece intrascendente, pero me está matando.
(...)
Bajando en los estratos de papel...
Más retazos, más y más pedacitos de vida... Mi vida.
Mañana más, mientras tanto, espero que os entretengáis con esto y con un nuevo blog que he inaugurado (http://160.motime.com).
[14-3-2001]
¿Qué es imprescindible para amar?
(...) Que nos escuchen.
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La escritura es la herramienta por la que podemos leer la memoria de los muertos.
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A veces me pregunto qué hago aquí
Si merece la pena el aspirar
A alzcanzar tan altos objetivos,
Si no te veré a ti
Y olvidaré mis delirios altivos
(...)Tengo miedo,
¿Qué senda tomar
Para no errar?
O sin nada me quedo...
[1-7-1999]
A veces pienso en...
Nada y en todo a la vez.
De todos modos las cosas pasan
Ruge la tormenta en la infinidad...
Allá arriba.
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La noche se expande
En todas sus dimensiones,
Allá hasta donde
Se lo permite la materia...
Aromas que estrena prestados.
Luces intermitentes
Que contrastan en la oscuridad...
Un sabor extraño en el paladar
Y un rumor...
Lo que nos parece
El tronar poderoso y lejano.
¿Cuántas veces? ¡Mil! He buscado tu rostro entre un millar de rostros... Sin encontrarlo.
Será la obsesión de encontrar ese alguien que me comprenda, con quien compartir el cariño y el amor que Dios me ha dado. Será el miedo a quedarme solo o la inestabilidad que resta de mi última relación. Sea lo que sea, en ocasiones lo siento como un sinvivir.
La búsqueda de miradas furtivas en el autobús, un millar de bellezas menores que un segundo, evidentemente no lleva a ninguna parte. Por otro lado algún que otro "capricho", por no llamarlo flechazo, que me centra el la búsqueda de una sola bondad (léase alma) en lo hondo de mil pares de ojos diferentes.
Las noches que mejor paso son aquellas en que no tengo nostalgia, precisamente porque recupero la sensibilidad de antaño, consigo una vez más sentrime niño, abrazar mi almohada al sentirme solo y caer poco a poco en un sueño plácido.
El puñito de sellos.
Mi madre me acaba de dar un puñito de sellos; ha estado haciendo limpieza y ha encontrado guardados en algún recóndito escondite un manojo trozos de sobre con sus sellos aún pegados. Un puñito que tomó mi mano de niño hace muchos años y ahora han salido para despertar mi yo niño que ya de por sí está bastante activo.
Emocionado voy a buscar aventuras en la aterciopelada noche de este sábado. Feliz Epifanía.
Sí, ya es año nuevo, llevamos unos días y voy cogiendo ritmo. Reflexiono, uso mi experiencia, y estoy convencido de que el tópico que reza "año nuevo, vida nueva" no es cierto. Me siento aquí de nuevo en el principio de un año y con todo por delante... otra vez. Mucho mejor, que para algo voy desarrollándome, pero en el fondo enfrentándome a los problemas de siempre.
Año nuevo, propósitos renovados. Eso sí que lo siento inherente a mi alma, muy muy dentro de mí. No he hecho una lista de propósitos como me planteé, pero tengo muy claro que también soy atípico en eso. Nada de dietas, sólo comer bien de todo, nada de gimnasio, porque me parecen muy aburridos. Tengo la sensación de que llevo una vida insípida (como la de esta sociedad en la que estamos atrapados), debo por tanto coger al toro por los cuenos y vivir de verdad. Ayudar a los que me rodean, ser un buen hijo para aprender a ser un buen padre, trabajar bien y cultivar mis aficiones, hacer proyectos e inventar mil sueños más.
¿Qué más puedo pedir a los reyes magos? Lo sé, llego tarde, peroo ¡por favor sed comprensivos!
El valor de las experiencias
No me gusta mucho la redacción de este texto, pero a estas horas no tengo lucidez para arreglarlo y me lo ha recordado una canción que tenéis colgada aquí:
"No hay mal que por bien no venga", que decían nuestras abuelas, una experiencia puede resultar dolorosa, cara, frustrante, o cualquier otro adjetivo indeseable con que queramos describirla, pero siempre es una experiencia. Con las experiencias crecemos a pasos agigantados hacia una madurez intelectual con que luego vivimos, ganamos, cambiamos y nuevamente maduramos.
A pesar de todo, una experiencia, su parte negativa, deja siempre una huella en el alma del ser humano que la ha experimentado, herida más o menos profunda que le llevará un tiempo cerrar, y de la que surgirá una cicatriz y el fruto maduro de la experiencia adjunta que durarán toda su vida. Hablo de fruto como aspecto de la vida que esta experiencia ha mejorado, que nuestro intelecto puede aislar del resto de aspectos vitales para apreciar mejor el cambio, pero que debemos considerar englobado en una la unidad de la mente humana.
Yo personalmente les doy un valor brutal a las experiencias, pero no excesivo (eso espero). Llamo brutal a este valor porque por muy amarga que pueda resultar una experiencia, la sigo apreciando como tal. Una valoración excesiva, por contra, sería el hecho de ir buscando estas amargas experiencias de forma sistemática y continua, algo evidentemente patológico, cuando las experiencias llegan solas.
(...)
Nuevos Ermitaños. La Voz de la Esperanza
Ante la tesitura que plantea el mundo actual con la constante presión de la voraz sociedad y la escasa moral del pueblo, cabe la posibilidad de no ceder y vivir como un ermitaño en este mundo nuevo. Es que si alguien quiere ser algo hoy en día, tiene que pisar al vecino o cosas semejantes; si no quieres ser estafado hay que ser un cabrón. La desconfianza aumenta y perdemos humanidad y perspectiva.
Supongo que un momento de debilidad pesimista. Mala temporada en mi vida anterior, no me lo tengáis en cuenta, pero no deja de ser otra visión del mismo mundo.
Una de Pesca
Un pequeño relato metafórico, espero que no se os haga muy pesado, va a cumplir ocho añitos el escrito.
[25-1-1999]
Esto eran dos pescadores que salían cada día a pescar. Salían con sendas barquichuelas cada uno por su lado y pescaban con pequeñas y humildes redes a la antigua usanza. Esto les dificultaba enormemente competir con aquellos enormes barcos congeladores con los que compartían aguas; engullían todo a su paso. Sin embargo, aquellos pequeños hombres tenían la ventaja de no haber perdido el verdadero espíritu del pescador; sabían por qué pescaban y hablaban con cada pez que capturaban.
Los dos pescadores lejos de ser rivales eran muy amigos, y si algún día se encontraban en medio del mar se saludaban, o incluso faenaban juntos repartiendo luego las capturas al final de la jornada.
Un buen día uno de ellos estaba remando buscando algún pez más antes de volver a su casa, cuando vio algo que surgió del agua y le miró de tal forma que le dejó anodadado. Era el pez más hermoso que el pescador había visto jamás. Empezó a intentar capturarlo en una actitud casi frenética. De pronto vio a su amigo unos metros más allá, y sorprendido observó cómo el pez fue dócilmente hasta la red de su compañero. Este lo subió a bordo y lo miró admirado. Le dio los buenos días a su colega y le preguntó que qué tal había estado pescando. El otro pescador le miró con cara de pocos amigos y le dijo que le devolviera aquel pez, porque él lo había visto primero y le pertenecía. Al otro también le había gustado, así que se negó. ¡Él lo había pescado! Así pues hizo ademán de alejar su barca, pero el pescador, celoso, atacó a su compañero con el remo y le tumbó. Cogió el pez, pero aún húmedo, se le escurrió y se alejó nadando hacia las profundidades del mar. Se quedaron ambos mirando pasmados al lugar donde el pez había desaparecido, discutiendo y echándose las culpas el uno al otro. De pronto, se dieron cuenta de la presencia de un barco enorme por donde debía de estar el pez, y allí lo vieron atrapado en la gigantesca red arrastrado hacia cubierta. ¡Qué desperdicio de pez!, pensaron los dos. Entonces se dieron la mano y se dijeron: "Hay muchos peces en el mar. Los que vengan a mi barca bienvenidos sean, los que no, quedarán libres en el mar para quein los quiera".
De un día a una vida.
Gélida la mañana que el sol ha despertado. Cruzando la niebla y cortando mis dedos en la escarcha he llegado al trabajo. Ha sido duro pero bonito, no obstante, al salir al palpable hielo de la noche se me ha helado una lágrima sobre la mejilla y me he encontrado perdido en mí mismo; llevo una temporada nadando en las aguas de la incertidumbre preguntándome dónde estoy, quién soy, dónde voy... De manera fortuita he encontrado el alivio para esto, ¿qué mejor que revisar la memoria del pasado para saber cómo he llegado hasta aquí? Así es que me he puesto a hojear mis viejos manuscritos, y me ha apetecido compartir ciertos extractos.
Pensaba inaugurar un nuevo blog, pero si es básicamente escritura, citas propias, teorías sociológicas, poemas, alguna fábula, ¿por qué no incluirlo aquí? Ahí van las normas:
- Se especificará la fecha original mientras pueda ser.
- Seguiré un código de color para indicar su pertenencia a los siguientes tomos (manuscritos) de vida:
- El Diablilllo Verde. Adolescencia. (Verde)
- El Libro Blanco. Primera juventud. (Rojo) [Nota: es rojo, pero nunca me decidí por ningún título.]
- Extractos varios sueltos de aqí y allá. (Morado).
Espero que no se haga demasiado pesado a los lectores y que me sirva sacarlo a la luz para vivir plenamente.